viernes, 3 de junio de 2011

Jerusalem, entre los derechos y los errores

Jerusalem, entre los derechos y los errores
Ana Jerozolimski

Jerusalem celebró ayer su día. De acuerdo al calendario hebreo, se festejaron este miércoles 44 años desde la reunificación de la capital de Israel, desde aquel 7 de junio de 1967 en el que los paracaidistas lograron irrumpir a la Ciudad Vieja por la Puerta de los Leones, se acercaron llorando al Muro de los Lamentos y cantaron el “Hatikva”- la esperanza- el himno nacional de Israel.

Hoy en día, cuando el tema de Jerusalem es presentado como uno de los principales escollos en el camino hacia la paz, cuando la comunidad internacional toda parece aceptar como verdad caída del cielo que Jerusalem debe ser dividida como si lo más normal fuera que en la parte oriental funcionara la capital de un Estado palestino independiente, nos parece esencial recordar un poco la historia.

Y no hablamos sólo de los derechos milenarios, de Jerusalem como ciudad del Rey David, del Templo Sagrado de Salomón y la ciudad de la peregrinación..Sobran las pruebas arqueológicas y las históricas del vínculo de generaciones entre el pueblo judío y Jerusalem.

Sólo el pueblo judío la convirtió en capital. Sólo el pueblo judío la vio como corazón y centro neurálgico, no como provincia alejada.

No consideramos a los árabes de Jerusalem extraños en la ciudad ni restamos importancia a las mezquitas Domo de la Roca y Al Aqsa construidas en Jerusalem…Pero no podemos dejar de recordar que llegaron a ella siglos después de que la ciudad fue capital del Reino de David…y que los santuarios fueron erigidos sobre las ruinas del Templo Sagrado…Por algo los propios árabes, durante mucho tiempo, llamaban a Jerusalem “Beit el Makdas”, la casa del Templo….

¿Suena a juego de niños, a quién llegó primero? Lamentablemente, a veces esta maniobra desagradable le es impuesta a Israel, cuando del otro lado hay quienes alegan que el vínculo entre los judíos y Jerusalem es un invento y las pruebas arqueológicas, una imaginación. Ya hemos escrito al respecto repetidamente en otras ocasiones.

Pero saltemos hacia adelante, acerquémonos mucho más a nuestro tiempo…y volvamos a la resolución 181 de las Naciones Unidas (que tan a menudo surge como foro al que se alega que Israel no acata) que fue adoptada el 29 de noviembre de 1947, recomendando la partición de Palestina “en un Estado judío y otro árabe”. Perdón por repetirlo por enésima vez…pero esa resolución fue aceptada por el liderazgo sionista y rechazada por los árabes, que la desafiaron lanzándose a la guerra.

Pues bien, esa resolución incluía un párrafo importante: Jerusalem sería un “corpus separatum” bajo control internacional, hasta que en un plebiscito, una década más tarde, su población decidiera su destino, de qué lado quería estar. Nuevamente…unos aceptaron…y otros rechazaron. Y cuando el liderazgo sionista aceptó, no era porque no le importara Jerusalem, sino porque necesitaba el Estado y su opción no era el todo o nada.

¿Dónde está el control internacional pues?-se preguntarán algunos.

Quedó enterrado bajo los escombros de la guerra lanzada por los árabes apenas se declaró la independencia de Israel. En los combates, que no fue Israel quien comenzó, Jerusalem quedó dividida entre las dos partes. La línea no existía antes. La mención de Jerusalem oriental, que nosotros mismos usamos a menudo porque la referencia es clara, a la zona que se halla más allá de las líneas del 67, en realidad requiere explicación: no era una línea que existía antes, sino que fue determinada por el fin de los combates entre Israel y la Legión Jordana.

No había antes una Jerusalem palestina en la parte oriental y una israelí del lado occidental...era toda una ciudad que quedó dividida por la guerra. Y cuando los árabes la tuvieron, no la convirtieron en capital.

La línea divisoria del 67 fue símbolo de veda, de prohibición absoluta a los judíos: hasta que la ciudad fue liberada en junio del 67, ningún judío podía pasar al otro lado y llegar a su santuario más sagrado, el Muro de los Lamentos. Habrá quienes digan…bueno, era una línea de armisticio, había habido guerra..no es que ahora habrá libre pasaje….Pero el problema es que la política hostil no se limitó a no permitir el acceso de los judíos al Muro de los Lamentos, sino que se tradujo también en una total falta de respeto a las 57 sinagogas que se hallaban en el barrio judío de la Ciudad Vieja, del que echaron a todos los habitantes. No quedó ni una en pie. Lápidas del cementerio de los Olivos fueron utilizadas como letrinas y piedras de pavimentación en las calles..

Aunque más no sea por eso, Israel tiene derecho a celebrar el Día de Jerusalem. Más allá de lo que suceda en el marco de acuerdos futuros, que deben necesariamente-a nuestro criterio-incluir la posibilidad de que barrios de población árabe en la ciudad estén bajo control árabe (lugares como Shuafat nada tienen que ver con la historia judía), Israel tiene motivos para celebrar la liberación.

El 7 de junio de 1967, en la explanada del Muro de los Lamentos, el entonces Ministro de Defensa Moshe Dayan, declaró: “Esta mañana, las Fuerzas de Defensa de Israel liberaron Jerusalem. Hemos unificado a Jerusalem, la capital dividida de Israel. Hemos retornado al más sagrado de nuestros santuarios, para no abandonarlo nuevamente jamás. A nuestros vecinos árabes, extendemos también en este momento-y con énfasis, a esta hora- nuestra mano, en señal de paz. A nuestros ciudadanos cristianos y musulmanes, prometemos solemnemente plenos derechos religiosos y libertad de culto”.
La promesa ha sido cumplida. Claro que hay limitaciones por razones de seguridad, como ser el acceso a las mezquitas a jóvenes hasta determinada edad, en épocas de tensión. El lugar ha sido foco de choques violentos y la intención es tratar de minimizarlos.

Pero aún en medio de problemas puntuales y sin olvidar ni por un momento que cuando Israel cierra los territorios y no permite libre entrada de palestinos a Jerusalem, se está socavando el derecho de quienes lo deseen de orar en la ciudad, no hay punto de comparación entre la situación bajo gobiernos de Israel y la anterior a la liberación del 67. Hasta musulmanes de otras latitudes han llegado a Jerusalem a orar..y bien saben los cristianos cuanto se ha respetado sus santuarios desde que Jerusalem es la capital unificada de Israel.

Esto no quita que haya que pensar en forma realista en el futuro…intentando hallar una fórmula que permita mantener todo esto, sin dejar dentro de las fronteras de la capital israelí, a barrios árabes cuya población es lógico que esté del otro lado.

Es importante recordar que ya ha habido jefes de gobierno israelíes que propusieron, de hecho, la división de Jerusalem, de modo que los barrios árabes pasen a control palestino en el marco de un futuro acuerdo de paz. Ehud Barak y Ehud Olmert lo ofrecieron a Yasser Arafat y Mahmud Abbas respectivamente. Es bueno tenerlo presente cuando hay quienes dan a entender que la falta de paz y solución en la zona se debe a que Netanyahu rige hoy los destinos de Israel.

Difusión:
www.porisrael.org

Andrew Roberts habla sobre Israel

Andrew Roberts, Miembro del Parlamento
CÁMARA de los COMUNES. UK

Me gustaría hablarles hoy como historiador, porque me parece que el Estado de Israel ha incluido más historia, en sus 62 años en el planeta, que la que muchas otras naciones lo han hecho en seiscientos años. Hay muchas cosas sorprendentes acerca de esta diminuta, luchadora y valiente nación, del tamaño de Gales, pero, lo más sorprendente, es que ha sobrevivido a todo. Al mismo día siguiente en que la ONU declarara a Israel un país, en 1948, cinco países árabes atacaron, y ha estado luchando por su derecho a la vida desde entonces. Y eso es por lo que estamos aquí hoy, para reiterar el derecho de Israel a la legítima defensa, inherente a todos los países legítimos.

Desde Marruecos hasta Afganistán, desde el Mar Caspio hasta Adén, un territorio de 13,5 millones de kilómetros cuadrados, pertenecientes a los miembros de la Liga Árabe, es el hogar de más de 330 millones de personas, mientras que Israel cubre sólo veinte mil quinientos kilómetros cuadrados, y es el hogar de siete millones de ciudadanos, una quinta parte de los cuales son árabes. Los judíos de Tierra Santa, por lo tanto, están rodeados de estados hostiles, 650 veces su tamaño de territorio y sesenta veces su población; sin embargo, el Estado de Israel, última y mejor esperanza de poner fin a dos milenios de persecución internacional, ha sobrevivido de alguna manera. Cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, la isla de Malta atravesó tres terribles años de bombardeos y destrucción, fue galardonada con la Medalla George por su valentía; hoy a Israel debería otorgársele una condecoración similar por defender la democracia, la tolerancia y los valores occidentales, en contra de un ataque asesino que ha durado veinte veces más; Jerusalem es el sitio del Templo de Salomón y el de Herodes. Las piedras de un palacio construido por el propio Rey David, aún ahora, se están descubriendo fuera de las murallas de Jerusalem. Todo lo que hace que un estado-nación sea legítimo - derramamiento de sangre, labranza de la tierra, dos mil años de residencia continua, acuerdos internacionales - argumenta a favor del derecho de Israel a existir, pero eso
sigue siendo negado por la Liga Árabe. Para muchos de sus gobiernos, que son lo suficientemente ricos como para haber tenido económicamente resuelto, hace décadas, el problema de los refugiados palestinos, es útil tener a Israel como chivo expiatorio para desviar la atención de la tiranía, el fracaso y la corrupción de sus propios regímenes.

La trágica verdad es que tener a los palestinos sufriendo la condición de refugiados permanentes, se adapta muy bien a los estados árabes que, cada vez que Israel presenta soluciones viables, han sido obstaculizadas por aquellos cuyos intereses ponen la destrucción de Israel antes que el verdadero bienestar de los palestinos. Tanto el rey Abdullah I de Jordania como Anwar Sadat de Egipto fueron asesinados, cuando intentaron llegar a algún tipo de acuerdo con un país, que la mayoría de la gente cuerda acepta ahora que no va a desaparecer.

"Le debemos a los judíos", escribió Winston Churchill en 1920, "un sistema de ética que, aún cuando se separara completamente de lo sobrenatural, sería, incomparablemente, el bien más preciado de la humanidad que equivale, de hecho, a los frutos de toda la sabiduría y el aprendizaje en su conjunto”. La contribución judía a las finanzas, la ciencia, las artes, la academia, el comercio y la industria, la literatura, la filantropía y la política, ha sido sorprendente en relación a su diminuta cantidad. A pesar de que constituyen menos de la mitad del uno por ciento de la población mundial, los judíos, entre 1901 y 1950, ganaron el 14% de todos los Premios Nobel de Literatura y Ciencia y, entre 1951 y 2000, los judíos ganaron un 32% de los Premios Nobel de Medicina, el 32% de los de Física, el 39% de los de Economía y el 29% de los de Ciencia. Ésto, a pesar de que tantos de sus más grandes intelectos murieron en las cámaras de gas.

La civilización tiene con el judaísmo una deuda que jamás podrá pagar, y apoyar el derecho a existir de una patria judía, es lo mínimo que podemos ofrecer. Sin embargo, tendemos a tratar a Israel como a un leproso en la escena internacional, sólo porque se defiende, y lo amenazamos con boicots académicos si construye un muro de separación que, hasta ahora, ha reducido los ataques suicidas en un 95% en tres años. Es una vergüenza que ningún miembro de alto rango de la Familia Real haya realizado una visita oficial a Israel, como si el país estuviera todavía en cuarentena, después de más de seis décadas. Su Majestad la Reina ha estado en el trono durante 57 años y, en ese tiempo, ha realizado 250 visitas oficiales a 129 países, pero todavía no ha puesto un pie en Israel. Ha visitado 14 países árabes, por lo que no pudo haber sido porque no estaba en la región. Aunque la madre del Príncipe Felipe, la Princesa Alicia, está enterrada en el Monte de los Olivos, debido a su condición de Justa entre los Gentiles, el Ministerio de Relaciones Exteriores ordenó que su visita a la tumba de su madre, en 1994, debía ser sólo a título privado. Las visitas Reales son una de las formas en que se confiere legitimidad a las naciones, y el gobierno de coalición debería terminar con el boicot de facto del Ministerio de Relaciones Exteriores. Después del Holocausto, el pueblo judío tomó conciencia de que debe tener su propio estado, una patria donde pueda estar a salvo, para siempre, de la repetición de tales horrores. Poner su confianza en la civilización occidental nunca más será suficiente. Desde entonces, Israel ha tenido que luchar, no menos de cinco guerras importantes, por su mismísima propia existencia.

Ha estado en la línea del frente en la guerra contra el terrorismo y ha estado luchando las batallas de Occidente para Occidente, décadas antes de que ocurrieran el 11/9 o el 7/7. El islamismo radical nunca aceptará el concepto de un estado israelí, por lo que la lucha es probable que continúe durante otros sesenta años, pero los judíos saben que eso es menos peligroso que confiar su seguridad a cualquier otro.

Muy a menudo, en Gran Bretaña, sobre todo cuando se enfrenta con la parcialidad abrumadoramente anti-israelí, que es endémica en nuestros medios de comunicación, liberales, y en la BBC, no somos capaces de preguntarnos ¿Qué habríamos hecho si estuviéramos en su posición? La población del Reino Unido, de 63 millones, es nueve veces mayor que la de Israel. En julio de 2006, por poner un ejemplo al azar, Hezbollah cruzó la frontera de Líbano hacia Israel, mató a ocho soldados patrullando y secuestró a otros dos, y ese verano, disparó cuatro mil cohetes Katyusha contra Israel que mataron a otros cuarenta y tres civiles.

Ahora, si multiplicamos esos números por nueve para obtener el equivalente británico, sólo imaginen lo que habríamos hecho si una organización terrorista, con base tan cerca como Calais, disparara treinta y seis mil cohetes sobre Sussex y Kent, matando a 387 civiles británicos, después de matar setenta y dos soldados británicos en una emboscada y capturar a dieciocho.

No hay absolutamente ningún extremo al que nuestro Gobierno no llegara para proteger a los súbditos británicos en esas circunstancias, y también tendría el derecho de hacerlo. ¿Por qué se espera que Israel se comporte de forma diferente?

En el curso de la investigación para mi último libro sobre la Segunda Guerra Mundial, recientemente visité Auschwitz-Birkenau. Caminando a lo largo de una línea de barracas y el apartadero del ferrocarril, donde sus antepasados ​​habían trabajado, muerto de hambre, habían sido golpeados, congelados y gaseados hasta la muerte, había un grupo de escolares judíos, uno de los cuales llevaba sobre su hombro la bandera de Israel, una estrella azul de David sobre fondo blanco. Fue una visión profundamente conmovedora, porque es la independencia soberana, representada por esa bandera, la que garantiza que la obscenidad del genocidio que mató a seis millones de personas en Auschwitz, y otros campos como ése - nunca más le sucederá al pueblo judío, al que el resto de la civilización le debe tanto.

Dije al principio que les estaba hablando a ustedes como un historiador, y por eso digo: Ningún pueblo en la historia ha necesitado el derecho a la legítima defensa y la legitimidad más que los judíos de Israel, y es lo que nosotros, en Amigos de la Iniciativa Israel, demandamos hoy.

Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld
Difusión:
www.porisrael.org

martes, 31 de mayo de 2011

Gene Simmons le da una lección al presidente Obama

Los dilemas de un soldado israelí

El Muro de la Mentira Palestino por David Horowitz

Fácil de entender, difícil de arreglar

Fácil de entender, difícil de arreglar
Marcos Aguinis
Para LA NACION
Lunes 30 de mayo de 2011

Acabo de escuchar una breve exposición de Dennis Prager, célebre experto en asuntos de Medio Oriente, que enseña en cinco idiomas y, además de sus actividades académicas, dirige orquestas de música clásica. Ha participado en innumerables cursos y mesas redondas sobre el conflicto árabe-israelí. Me sorprendió al afirmar que es uno de los más fáciles de entender, aunque difícil de resolver. Prager es también una figura relevante en los diálogos interreligiosos. Lo hizo con católicos en el Vaticano, con musulmanes del golfo Pérsico, con hindúes en la India y con protestantes de diversas denominaciones. Durante diez años, condujo un programa radial con casi todas las creencias del mundo. Se lo respeta como una voz seria, muy informada y ecuánime.

Reconoce que los estudios, debates y cursos sobre el tema crearon la falsa noción de su complejidad. No hay tal cosa, dice. En 1948, Gran Bretaña fue obligada a retirarse de Palestina por el anhelo independentista de los judíos. Previamente, las Naciones Unidas habían votado la partición del territorio en dos Estados: uno árabe y otro judío. Los judíos aceptaron y los árabes no, porque preferían "echar a los judíos al mar" mediante la invasión de siete ejércitos, con el apoyo de la ex potencia mandataria. El resultado de esa guerra fue prodigioso. Aunque el pueblo judío acababa de emerger -muy quebrado- del Holocausto nazi, pudo vencer. Desprovisto casi de armas, abrumado por el ingreso de sobrevivientes enloquecidos, carente de recursos naturales y alimentos, se empeñó en salir adelante. Sus vecinos se negaron a firmar la paz y sólo hubo fronteras de armisticio, provisionales. Después sucedieron nuevas guerras, cuyo propósito respondía al mismo eslogan: "Echar a los judíos al mar".

Israel es más pequeño que la provincia argentina de Tucumán, que el estado norteamericano de Nueva Jersey y que la república de El Salvador. No obstante, su carácter democrático y pluralista lo ha convertido en una espina que hiere a dictaduras y teocracias. En 1967, el dictador egipcio Gamal Abdel Nasser, con el apoyo de Jordania y Siria, inició acciones para demoler al joven Estado. Entre otras medidas, forzó el retiro de las tropas de las Naciones Unidas para poder invadirlo. Israel atacó primero y obtuvo una impresionante victoria en la Guerra de los Seis Días. Fue entonces -recién entonces y bajo circunstancias no deseadas- que la actual Cisjordania, hasta ese momento parte integral de Jordania, pasó a estar bajo control israelí. Durante las casi dos décadas que duró la ocupación jordana, nunca se había propuesto convertirla en un Estado Palestino. Curioso, ¿Verdad? Recién empezó esa demanda cuando la ocupó Israel. Porque el propósito de fondo -la conclusión resulta obvia- no era establecer un Estado Palestino, sino borrar del mapa a Israel, aunque sea arrancándole pedazo tras pedazo. Se puede decir que en esa etapa comenzó el tan publicitado conflicto palestino-israelí. Hasta entonces, era árabe-israelí.

Apenas terminada esa Guerra de los Seis Días, hubo una conferencia de los jefes de Estado árabes en la capital de Sudán, donde se juramentaron los tres noes: No reconocimiento, no negociaciones, no paz con Israel.

¿Qué debía hacer Israel? Todos los caminos estaban cerrados, hasta que un nuevo presidente egipcio, Anwar el-Sadat, se mostró dispuesto a la conciliación. Entonces, Israel le dio la bienvenida y aceptó la fórmula "tierras por paz". Se retiró de la península del Sinaí, dos veces más grande que su propio territorio, dejando a Egipto pozos de petróleo, aeropuertos, carreteras y nuevos centros turísticos. Hasta sacó por la fuerza a los israelíes que habían construido la ciudad de Yamit en el sur de Gaza, para que la devolución fuese completa.

¿Fue apreciado semejante gesto? No. Tras el asesinato del presidente Sadat, Egipto mantuvo una paz fría e incluso produjo programas televisivos antisemitas y antiisraelíes porque -respondía ante los reclamos- allí "se respeta la libertad de expresión"... Más adelante, Yasser Arafat insinuó un acercamiento, saludado enseguida con alborozo por Israel, y se firmaron los Acuerdos de Oslo, que dieron lugar al nacimiento de la Autoridad Nacional Palestina.

En las negociaciones de Camp David, presididas por Bill Clinton, el premier israelí aceptó casi todas las demandas palestinas. Pero Arafat siempre decía que no. Clinton, impaciente, le exigió que hiciera propuestas. Arafat no las hizo. Regresó triunfante -por haber hecho fracasar la conferencia- y lanzó otra Intifada.

Para acercarse a la difícil paz, Israel se retiró de la Franja de Gaza. Allí no quedó un solo judío (sólo uno, Guilad Shalit, que las autoridades palestinas mantienen secuestrado y no permiten siquiera la visita de las Naciones Unidas, entidades de derechos humanos o de beneficencia). Los palestinos tenían la ocasión de poner las bases de un Estado pacífico y venturoso. Pero en lugar de ello, usaron la enorme ayuda internacional que reciben para proveerse de armas, bombas y misiles que usan para asesinar a los israelíes de las localidades vecinas. Si de veras quisieran un Estado exitoso al lado de Israel, esta conducta lo desmiente de forma categórica. Su objetivo mayor es la extinción de Israel. Una consigna elocuente de Hamas (la organización terrorista que controla Gaza) dice: "Nosotros amamos la muerte como los judíos aman la vida". Confirma una clásica declaración de Golda Meir: "Habrá paz cuando los árabes amen a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros".

¿Se puede lograr la paz con quien sólo desea matar al enemigo? Las emisoras de casi todos los países árabes y muchos musulmanes niegan los derechos judíos sobre Israel, incluso reconocidos en el Corán. Palestina (nombre inadecuado, porque se refiere a los filisteos que ocuparon sólo una franja costera) no tuvo jamás un Estado árabe independiente ni un Estado musulmán independiente. En cambio, allí, a lo largo de la historia, se han establecido varios Estados judíos independientes. Israel es el tercero. La trascendencia de ese pequeño territorio se debe a los judíos. Allí consolidaron el monoteísmo, escribieron la Biblia, dieron origen al cristianismo y ahora convirtieron su ínfimo espacio en una potencia tecnológica.

Insiste Dennis Prager en que es irracional culpar a Israel de casi todos los males del mundo. Si llegase un extraterrestre, no comprendería cómo una nación tan pequeña, trabajadora, creativa, estudiosa, democrática y anhelante de paz, pueda ser la causa de tantos conflictos, generadora de tantos males y tantos abusos. ¿No será que la usan de chivo expiatorio? ¿No será que se le tiene demasiada envidia? ¿No será que su ejemplo hace temblar a los totalitarismos? Es curioso que ahora, cuando los pueblos árabes por fin se levantan contra sus tiranos, haya casi desaparecido Israel de las noticias. No la pueden acusar de haber generado la rebelión, aunque existieron intentos y posiblemente se vuelva a ese recurso.

Por último, ¿Qué pasaría si Israel destruyese su armamento y decidiera abandonar la lucha? ¿Qué pasaría si los árabes destruyeran sus armamentos y decidieran abandonar la lucha? Prager responde: en el primer caso, habría una invasión inclemente que convertiría a Israel en una cordillera de cenizas. En el segundo caso, se firmaría la paz el próximo miércoles.
Por lo tanto -cierra Dennis Prager-, el conflicto es difícil de solucionar, pero uno de los más fáciles para comprender.
© La Nacion

jueves, 26 de mayo de 2011

El día de la Nakba y del engaño

El día de la Nakba y del engaño
El mito de los refugiados palestinos es el mayor éxito de la historia moderna; un éxito que es una absoluta impostura. Fueron ellos los que declararon la guerra. Y no existe eso que llaman "derecho al retorno"

Ben Dror Yemini
Elpais.com
27/05/2010

Los palestinos ostentan el título de refugiados desde hace más de seis décadas. Se las han ingeniado para crear su propia narrativa histórica peculiar. Este mito se ha ido inflando como una burbuja, por lo que se hace necesario explotar dicha burbuja y presentar los hechos fehacientes: la población palestina era escasa antes de la primera aliá (ola de inmigración judía sionista), cientos de miles de judíos fueron expulsados también de los países árabes y en ningún lugar del mundo hay precedente alguno sobre el derecho de retorno.
Muchos de los árabes que huyeron se vieron obligados a hacerlo bajo la presión de sus dirigentes.

La Nakba, la historia de los refugiados palestinos, es el mayor éxito de la historia moderna. Un éxito que es una absoluta impostura. Ningún otro grupo de "refugiados" del mundo disfruta de una cobertura mediática global tan amplia. No hay semana en que no haya una conferencia, otra conferencia, en que se trate la triste situación de los palestinos. No hay campus occidental que no dedique innumerables eventos, conferencias, publicaciones, cada año, o cada mes, para recordar a los refugiados palestinos. Se han convertido en la víctima por antonomasia. Desde que los árabes, y entre ellos los palestinos, declararon una guerra de aniquilación contra Israel, el mundo ha sufrido un millón de calamidades, injusticias, separaciones, movimientos de población, actos de genocidio y masacres así como guerras, pero la Nakba de los palestinos ocupa un lugar privilegiado. Un habitante de otra galaxia que visitara el planeta Tierra podría pensar que esta es la mayor injusticia del universo desde la Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto, hay que reventar esta mentira. Hay que presentar los hechos tal y como son. Hay que develar el engaño.

Los judíos llegaron a la Tierra de Israel, que formaba parte del Imperio Otomano, en sucesivas olas de poca envergadura, incluso antes de la primera aliá. Cabría preguntarse: ¿expulsaron realmente a millones de árabes? Nadie discute que en aquellos años no había "palestinos", ni "Palestina", y tampoco existía una "identidad palestina". Y sobre todo, no existía una frontera real entre los árabes de Siria, Egipto o Jordania. Había un movimiento constante de personas. En los años en que Muhamad Ali y su hijo conquistaron estas tierras, desde 1831 hasta 1840, enviaron a muchos árabes de Egipto a Gaza, a Jaffa y a otras ciudades. Los judíos que llegaron también en aquellos años a Jaffa dieron lugar al desarrollo de la ciudad.

Existe una polémica entre los historiadores sobre el número de árabes que habitaban en esos años en Palestina, que agrupaba de hecho, varios distritos sujetos a Damasco o Beirut, formando parte del Imperio Otomano. La prueba más importante de la situación antes de la primera aliá es un testimonio que ha caído en el olvido, quizá no por casualidad. Se trata de una delegación de investigadores británicos (The Palestine Exploration Fund), que recorrió la parte occidental de Israel entre 1871 y 1878 y publicó un mapa exacto y auténtico de la población, según el cual el número total de habitantes era de aproximadamente 100.000 personas.

Otra cuestión también controvertida reside en la envergadura de la inmigración árabe a Israel a raíz del sionismo. Winston Churchill dijo en 1939: "A pesar de no ser perseguidos, los árabes fluyeron masivamente hacia esas tierras y se multiplicaron de tal manera que la población árabe creció más de lo que habrían podido sumar todos los judíos del mundo a la población judía".

Durante los años que duró el mandato británico había aquí dos poblaciones: la judía y la árabe. El territorio del mandato original, en virtud de la Declaración Balfour, incluía la ribera oriental del Jordán. La zona, como se ha señalado, estaba escasísimamente poblada. El establecimiento de un hogar para el pueblo judío no representaba injusticia alguna, porque no había aquí un Estado ni había aquí un pueblo. Este era el verdadero fundamento de la Declaración Balfour.

Al mismo tiempo que la ONU se pronunciaba sobre la propuesta de partición, los Estados árabes declararon una guerra de aniquilación contra Israel. El resultado es conocido por todos. La declaración de la guerra implicó que cientos de miles de árabes se vieran obligados a marchar a los países vecinos. Muchos de ellos huyeron. Muchos testificaron que se vieron obligados a salir bajo la presión de los dirigentes. Hubo también quienes fueron expulsados en el fragor de las batallas y la guerra. Unas 600.000 personas se convirtieron en refugiados.

La experiencia vital por la que pasaron los árabes se convirtió en la Nakba, cuya historia se fue inflando con los años. Se convirtieron en los únicos expulsados de todos los países y conflictos. Y no hay mayor mentira que esta. En primer lugar, porque al mismo tiempo sucedía también la Nakba judía: con el mismo telón de fondo, el mismo enfrentamiento, más judíos de países árabes, más de 800.000, fueron desposeídos y expulsados. Ellos no declararon una guerra de aniquilación contra los países de los que procedían. En segundo lugar, y lo que es más importante, más de 50 millones de personas han pasado por la experiencia de los movimientos de población como consecuencia de conflictos nacionalistas o al crearse nuevos Estados-nación. No hay ninguna diferencia entre los árabes de Palestina y los demás refugiados, incluidos los judíos. Solo en la década posterior a la Segunda Guerra Mundial, y solo en Europa, fueron más de 20 millones las personas que pasaron por la experiencia de un movimiento de población. Esto ha sucedido también posteriormente, durante el conflicto entre griegos y turcos en Chipre, entre Armenia y Azerbaiyán, entre los países que se crearon como consecuencia del desmembramiento de Yugoslavia, y en muchas otras zonas de conflicto en el mundo.

Ahora, son solo los palestinos, los únicos entre todos esos grupos, los que ostentan el título de refugiados desde hace más de seis décadas. Ellos han conseguido crear su propia narrativa histórica peculiar. Este mito crece progresivamente incluso con la ayuda de UNRWA, un órgano dedicado exclusivamente a tratar la cuestión de los refugiados palestinos, por separado del resto de los refugiados del mundo. La tragedia es que si los palestinos hubiesen recibido el mismo trato que los otros refugiados por parte de la comunidad internacional, su situación hoy por hoy sería mucho mejor.

En muchos de los debates en los que he participado, he preguntado a mis colegas, defensores de la narrativa palestina, ¿desde cuándo los expulsados que han declarado la guerra, y la han perdido, pueden beneficiarse del "derecho de retorno"? ¿Hay algún grupo de las decenas de grupos, alguna de las decenas de millones de personas que han pasado por la experiencia de la expulsión durante el siglo pasado, que se haya beneficiado del "derecho de retorno" causando con ello la destrucción política de un Estado-nación? Hasta hoy no he recibido respuesta. Porque ese derecho no existe.

La referencia más seria sobre la cuestión del derecho de retorno la encontramos en el Acuerdo de Chipre, a instancias del anterior secretario general Kofi Annan. El acuerdo no reconoce el derecho de retorno, a pesar de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos reconoció los derechos de los peticionarios griegos de la parte turca al retorno y a la devolución de sus bienes. Es decir, no todo precedente legal se puede convertir en una realidad política o de Estado. El acuerdo recibió el beneplácito de la comunidad internacional en general y de la Unión Europea en particular. No es casualidad que los palestinos no mencionen el precedente de Chipre. La razón reside en que el derecho de retorno fue limitado en ese caso, de manera que la mayoría turca se mantuviera siempre en un mínimo del 80%.

Es importante recordar también la Resolución 194 de la ONU, en la que se basan los palestinos. La resolución establece las siguientes condiciones: reconocimiento del Estado judío, que deben producirse las condiciones apropiadas y que los que solicitan regresar deben aceptar vivir en paz con sus vecinos. No hace falta recordar que los palestinos insisten en no reconocer al Estado judío, cosa que deja claro que las condiciones apropiadas no se cumplen.

Una de las alegaciones palestinas es que para resolver el conflicto hay que reconocer la Nakba palestina, y sobre todo la responsabilidad de Israel con respecto al problema de los refugiados. Todo lo contrario: la exageración del mito de la Nakba es lo que retrasa una solución al conflicto. Los palestinos están ocupados en magnificar el problema, inflarlo, exigiendo algo que no tiene precedentes internacionales. Fueron ellos los que se opusieron a la partición. Fueron ellos los que incitaron a la aniquilación. Fueron ellos los que declararon la guerra.

Mientras sigan con el mito de la Nakba, haciendo caso omiso de los hechos fundamentales, no hacen sino eternizar su propio sufrimiento. Y a pesar de todo esto, los palestinos merecen respeto, libertad y también independencia. Pero al lado de Israel. No en lugar de Israel. Y no a través de la Nakba que no es más que un fraude político y un fraude histórico.

Ben Dror Yemini es analista israelí. Una versión más extensa de este artículo se publicó en el diario Maariv el pasado 15 de mayo.
Difusión: http://www.porisrael.org

La falsa comparación de Obama

La falsa comparación de Obama
El Presidente dice que tanto los palestinos como los israelíes sufren, pero no nombra a los culpables – los terroristas árabes.
Hanoch Daum
Ynetnews

Barack Obama es un buen tipo, un tipo que muestra empatía. Está dolido por el sufrimiento de los israelíes, pero también por el sufrimiento de los palestinos.

Para Obama, los padres israelíes que perdieron a sus hijos y los padres palestinos que perdieron a sus hijos son dos lados de la misma ecuación. El conflicto cobra un simétrico y sangriento peaje de ambos lados. Eso es cierto, por supuesto: El dolor que sienten los padres que perdieron a sus hijos es el mismo.

Por lo tanto, de acuerdo con la misma línea de pensamiento, el sufrimiento de los niños que perdieron a sus padres en el desastre del 11 de septiembre, es similar al dolor que sienten los pequeños niños Bin Laden, después de que perdieron a su padre, que fue muerto sin un juicio.

Aunque este dolor es universal, Obama reprime el hecho que, mientras los niños de ambos lados sufren, los culpables se encuentran sólo en un lado de la ecuación.

¿Por qué Obama no tuvo piedad por los niños pequeños de al-Qaeda, cuando ordenó el asesinato de Bin Laden? No es porque no le preocupan los niños, sino más bien, es porque la protección de los ciudadanos estadounidenses es más importante para él.

De la misma exacta manera, Israel también debe proteger a sus propios niños. Cuando impone un bloqueo a la Franja de Gaza, protege a los niños de Sderot, y cuando ataca a las células terroristas protege a los autobuses escolares.
Los niños de Gaza sufren a causa de ello, pero hay una diferencia fundamental entre el sufrimiento de los niños de Gaza y el de los niños de Sderot: los niños de Sderot sufren como consecuencia de la dura y directa beligerancia palestina. Terroristas palestinos están tratando de hacerles daño deliberadamente. Los niños de Gaza, por el contrario, están sufriendo indirectamente, sólo porque Israel tiene que defenderse.

Obama tiene razón al decir que el sufrimiento de los desconsolados padres de Israel está relacionado con el sufrimiento de los desconsolados padres palestinos, pero lo que los vincula es lo siguiente: ambos lados están sufriendo como consecuencia del terrorismo palestino.

http://www.ynetnews.com/articles/0,7340,L-4071435,00.html
Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld
Difusión: www.porisrael.org

Repitiendo el error de la Nakba

Repitiendo el error de la Nakba
JPost editorial
12/05/2011

En lugar de dedicar tanta energía a subrayar su condición de víctimas, los árabes israelíes y los palestinos harían bien en aprender de sus errores.

Para los árabes israelíes y los palestinos, la creación de Israel fue una "Nakba", una catástrofe. El viernes, los pueblos árabes en todo el país, darán inicio a tres días de conmemoraciones Nakba, con marchas, conferencias y mítines.

Aunque estas ceremonias se celebran cada año, este año es diferente de una manera significativa y positiva. La absurda práctica por la que las organizaciones y los municipios podían utilizar fondos del estado para pagar los eventos Nakba, ha terminado. Una legislación aprobada por el Knesset en marzo, conocida como la "ley Nakba", faculta al Estado a multar a aquellos que financien sus ceremonias de conmemoración con dinero público.

La ley Nakba no tenía por objeto, y no lo hará, evitar que los árabes israelíes, o cualquier otra persona, conmemore del Día de la Independencia de Israel del modo que lo desee, siempre y cuando lo haga pacíficamente. Más bien, la legislación ha puesto fin a la locura según la cual Israel subvenciona actividades que socavan las bases mismas del sionismo, presentándolo falsamente como un movimiento imperialista que se involucró, durante la Guerra de la Independencia, en la limpieza étnica y la transferencia intencional, al por mayor, de la población árabe fuera de las fronteras de Israel.

Sin embargo, aunque es el derecho de los árabes israelíes y los palestinos conmemorar la Nakba de una manera que, no sólo incrimina a los israelíes por delitos que nunca cometieron y también ubica toda la culpa por el fracaso en el movimiento sionista, sino que, el que así lo hagan, es contraproducente y un importante obstáculo para la paz.

Si los palestinos observaran de manera clara y objetiva su comportamiento, en la época de la fundación de Israel, se darían cuenta de que hoy están repitiendo muchos de los mismos errores.

El "Jihadismo" - o el odio al infiel y el deseo de matarlo - en gran medida subyace en el ataque palestino contra el sionismo en el período 1920-1940. El líder del movimiento nacional palestino durante esos años, Haj Amin al-Husseini, fue un clérigo musulmán rabiosamente antisemita con estrechos vínculos con los nazis.

Del mismo modo, hoy en día, muchos palestinos han optado por adoptar la forma más extrema de los líderes islamistas. En las elecciones de 2006 en la Margen Occidental y Gaza, Hamas derrotó al aparentemente secular Fatah. Y el acuerdo de unidad nacional firmado el 7 de mayo en El Cairo, que goza de un amplio apoyo palestino, ha llevado a Hamas - una rabiosamente antisemita organización islamista terrorista, que ha lanzado decenas de ataques suicidas con bombas y miles de proyectiles de mortero y cohetes contra la población civil israelí - de regreso al corazón del liderazgo palestino, con toda su repugnante y reaccionaria gloria.

Fue esta clase de extremismo religioso y de intransigencia la que exacerbó la situación de los palestinos en 1948. En las primeras semanas de la Guerra de la Independencia, por ejemplo, el alcalde de Jaffa, Yousef Heikal, intentó llegar a un acuerdo de no beligerancia con la vecina judía Tel Aviv, para permitir que los cultivos de cítricos se cosecharan y exportaran. Pero Husseini vetó esto y llamó a "la jihad contra los judíos". Como resultado, muchos de los árabes de Jaffa fueron expulsados ​​durante la subsiguiente guerra.

Otra reiterada metedura de pata palestina, en el siglo pasado, ha sido el rechazo de una solución de dos estados.
Se les ofreció sucesivos compromisos - en 1937, la partición de Palestina de la Comisión Peel en un estado judío en sólo el 17 por ciento de la tierra; en 1947, la partición de la ONU y a los árabes obteniendo el 45% de la tierra; y en el año 2000, la partición del Primer Ministro Ehud Barak y el Presidente de EE.UU. Bill Clinton, con los árabes obteniendo un 20%) - los palestinos, consistentemente, dijeron que no. Y cada intransigente rechazo fue acompañado por la violencia y el terrorismo.
En La Guerra de Independencia de 1948, después que rechazaran el plan de partición de la ONU que les habría dado un estado, los palestinos lanzaron una sangrienta ofensiva para evitar la emergencia de un estado judío. Si hubieran ganado la guerra, el resultado habría sido una masiva masacre de judíos, pocos años después de que seis millones de judíos fueran masacrados en el Holocausto.

La violenta, indiferente y poco generosa población árabe de Palestina, en varias ocasiones, trató de destruir toda esperanza de que el pueblo judío regresara a su patria, después de casi dos milenios de exilio y después de sufrir el peor genocidio que haya conocido la humanidad.

Afortunadamente, fracasaron.

El único estado judío del mundo está rodeado por 21 naciones árabes y ha mostrado su voluntad de ayudar a establecer un 22° estado para los palestinos.

Sin embargo, en gran parte debido a su visión distorsionada de la historia - la Nakba es sólo un ejemplo - los palestinos continúan centrándose en su victimización y sufrimiento, ignorando su responsabilidad personal por su situación. Hoy en día, una de las barreras psicológicas cruciales para la paz, es la terca insistencia de los árabes israelíes y los palestinos en ignorar su propio papel en la creación del problema de los refugiados y en la no obtención de la autonomía política palestina.

En lugar de dedicar tanta energía en subrayar su condición de víctimas, los árabes israelíes y los palestinos harían bien en aprender de sus errores. Actualmente, parecen empeñados en repetirlos.

http://www.jpost.com/Opinion/Editorials/Article.aspx?id=220337
Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld
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miércoles, 23 de febrero de 2011

Regalo para la Argentina

Un político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones, no en las próximas elecciones.
Sir Winston Churchill.

Ser mejores

Después de saber cuándo debemos aprovechar una oportunidad, lo más importante es saber cuándo debemos renunciar a una ventaja.
Benjamin Disraeli.

La misión de éste blog

En la vida de un hombre su tiempo es sólo un instante, su ser un flujo incesante, sus sentidos una débil y fugaz luz, su cuerpo comida de gusanos, su alma un torbellino inquieto, su destino oscuro, y su fama dudosa.
En definitiva, todo lo que es del cuerpo es agua que corre, todo lo que es del alma son sueños y vapores; la vida es una guerra, una estancia breve en un país extranjero; y después de la reputación, el olvido. ¿Dónde puede el hombre encontrar el poder de guiar y cuidar sus pasos?
En una cosa y sólo en una: el amor al conocimiento.

Marco Aurelio (Meditaciones).
Emperador del Imperio Romano.

El escalofriante día a día de los cristianos en países islámicos

Mientras en países islámicos se acrecienta la masacre de cristianos con decapitaciones de obispos incluidas, Europa calla y cede ante sus exigencias.

Dura carta a un líder musulmán
por Javier Lozano

Durante los últimos meses se está haciendo común asistir en los medios de comunicación a la matanza, defenestración y aislamiento de las minorías religiosas, especialmente la cristiana, en países de mayoría musulmana. Mientras éstos exigen respeto a Occidente cuando se les pide respeto a la libertad religiosa y exigen más derechos ante el silencio de los estados europeos.

El balance de la situación de los cristianos en países islámicos es escalofriante. Sólo hace falta hacerse eco de algunos ejemplos ocurridos en los últimos tiempos. Egipto muestra claramente esto. En Nochevieja se produjo una matanza de cristianos en una iglesia copta. Las autoridades civiles religiosas y civiles emitieron una tímida condena en un país en los que los cristianos son ciudadanos de segunda.
Este silencio fue denunciado y evidenciado por un sacerdote copto en una contundente carta a la máxima autoridad religiosa. Pero en vez de luchar contra el integrismo, Egipto ha llamado a consultas a su embajador en el Vaticano por lo que considera injerencias del Papa al pedir respeto a la libertad religiosa.

Sin embargo, la transigencia con los fundamentalistas islámicos es bastante común. Otro ejemplo muy claro es Pakistán. La condena a la horca de la cristiana Asia Bibi, acusada de blasfemia, ha puesto de manifiesto esta intolerancia. Aún está encarcelada y además ha sido asesinado el gobernador que se atrevió a defenderla y a criticar la Ley Antiblasfemia.

Pero detrás de este acontecimiento se esconde la cruda realidad de los cristianos. Durante las inundaciones que asolaron Pakistán el pasado mes de agosto, a muchos cristianos se les negó ayuda humanitaria, pese a ser enviada por países y organizaciones de inspiración cristiana, y se les instaba a convertirse al islam o a morir de hambre. En otros casos se inundaron aldeas cristiana para salvar los campos de autoridades civiles.

Ni siquiera los obispos y cardenales se libran de los ataques de los radicales musulmanes. Gravísimo fue lo que ocurrió con el asesinato del presidente de la Conferencia Episcopal de Turquía el pasado mes de junio. Monseñor Luigi Padovese fue decapitado por su chófer al grito de ‘Alá es grande’ para más tarde subir al tejado con su cabeza. En un principio se tildó de loco al asesino hasta que las autoridades turcas tuvieron que reconocer el radicalismo religioso del autor y que este conductor había sido nombrado por el propio Ejecutivo turco.

Más suerte tuvo el cardenal Gabriel Zubeir Wako, arzobispo de Jartum. Durante una misa ante más de 10.000 personas en la que se conmemoraba al patrón de Sudán, un terrorista islámico intentó matar con una daga al prelado. Tuvo que ser el ayudante del cardenal el que redujese a este radical. Al odio religioso se unía el hecho de intentar intimidar a los cristianos de cara al referéndum que se celebró el pasado fin de semana por el que el sur del país, de mayoría cristiana y animista, votaba separarse del norte donde está instaurada la sharia.

Irak es igualmente objetivo prioritario para los extremistas musulmanes. Muchos cristianos se han visto obligados a abandonar el país y los que quedan están sufriendo atentados constantes. La catedral siria de Bagdad y los ataques a distintas iglesias han dejado un triste balance de muertos. Del mismo modo, en Nigeria en las últimas horas decenas de cristianos han muerto a manos de radicales islámicos en un intento de estos de instaurar la sharia. Estos son algunos ejemplos de lo ocurrido en países de mayoría musulmana. En este sentido, el Vaticano ha recordado, pese a las consecuencias de sus palabras, que el 80 por ciento de los creyentes perseguidos en el mundo son cristianos.

Miedo y silencio en Europa

Por otro lado se encuentra la situación que viven los musulmanes en Occidente, cada vez más silencioso ante la masacre de las minorías. Sólo Italia, Francia, Hungría y Polonia han denunciado estos días los ataques sufridos por los cristianos.

De hecho, la respuesta de los países islámicos al drama de la campesina cristiana Asia Bibi fue el intento de un total de 57 estados de conseguir validar ante Naciones Unidas las penas por blasfemia. Los países occidentales lo rechazaron pero no profirieron duras críticas a esta iniciativa.

El silencio y también el miedo se instaló en Europa tras la publicación de las viñetas de Mahoma en varios diarios. Su autor está amenazado de muerte y ha sido víctima de atentados. Sin embargo, en vez de una férrea defensa de la libertad se criticó al viñetista por ofender los sentimientos religiosos de los musulmanes. Defensa que por ejemplo en España no se hace cuando se vulnera este mismo derecho para los católicos.

Incluso en la misma ciudad de Roma, el dictador libio Muamar al Gadafi se congratuló de la rápida expansión del islam por toda Europa y dijo que esta religión "debe ser" la de todo el continente. El primer paso, dijo, sería la entrada de Turquía en la Unión Europea.

Por criticar al islam fue juzgado en Holanda el diputado Geert Wilders, que llegó a decir que el islam es un "régimen totalitario" comparándolo con el libro de Hitler, el Mein Kampf". Mientras tanto, y por poner otro ejemplo, en España una discoteca murciana tuvo que cambiar su nombre "La Meca" ante las amenazas que había recibido pese a que llevaba años llamándose así.

El silencio de los hipócritas

Viendo los incidentes de corte revolucionario en Túnez, Egipto, Irán, Libia, Argelia, Yemen, Jordania, Bahrein y Marruecos, y en especial la represión por parte de los gobiernos dictatoriales de esos países (más de 300 manifestantes asesinados en Libia), yo me pregunto, sin ningún rastro de ingenuidad, dónde están las marchas de repudio en la Argentina ?
Y en europa?
Dónde está D'Elía? Y los cobardes de Quebracho? Y la trasnochada izquierda argentina con sus abanderados de "intelectuales"?
Dónde están ahora los "artistas", los "campeones" de los derechos humanos, defensores del "pueblo"?
Porqué todos callan?
Acaso los muertos árabes a manos de dictadores árabes no valen una protesta?

Y lo repito una vez más, antes de que se desate la próxima guerra de Israel, la cual seguro tendrá lugar en el futuro: todos los que ahora callan, pero que explotan de pasión "anti-sionista" al oir noticias sobre algún conflicto de Israel, no son mas que antisemitas.
Demostrado está que las críticas son solo para Israel, el odio es solo para Israel.
Si Israel no fuese un estado judío, apenas unos pocos sabrían de su existencia.

En medio de la Agitación en Medio Oriente, Sólo Israel Galvaniza a la ONU para que entre en Acción

Por David Harris
Jpost.com

Con Irán reprimiendo violentamente a manifestantes en las calles y Libia usando la fuerza bruta a pesar de las protestas masivas, fue tranquilizador saber que la ONU brincó hacia una acción rápida.

Así como lo hizo después de las elecciones fraudulentas en 2009, cuando Teherán efectuaba detenciones, disparaba fuego vivo, torturaba e intimidaba, para hacer frente a los que desafiaban al régimen. Así fue que los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU se reunieron el 18 de febrero en Nueva York.

Los miembros deliberaron solemnemente, cuando los informes de Libia sugerían que cientos de manifestantes pacíficos eran asesinados por las fuerzas del gobierno, con la ayuda de mercenarios extranjeros.

Sólo hay un pequeño problema. El Consejo de Seguridad de la ONU no se reunió para discutir la situación en Irán ni en Libia, sino, sorpresa de sorpresas, Israel.

Mientras tanto, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra, encargado de vigilar y proteger los derechos humanos, tampoco pudo ser encontrado en ninguna parte, cuando se trató de Irán y Libia.

Pero entonces, de nuevo, ¿por qué eso debería ser chocante?

Después de todo, Libia es actualmente un miembro del cuerpo de 47 naciones. Su objetivo más importante es el de emitir juicio sobre los demás, principalmente Israel, asegurando, al mismo tiempo, que se evite cualquier examen serio.

Y a pesar de que Irán intentó, y fracasó en su intento de, ser reelegido al Consejo el año pasado, tiene su parte de defensores ahí - los demás miembros de la Organización de la Conferencia Islámica y del Movimiento de Países No Alineados, por ejemplo. Ellos hacen todo lo posible para proteger a Teherán de un atento escrutinio y, en lugar de eso, desvían la atención hacia el cabeza de turco favorito del Consejo, Israel.


De paso, a pesar de que Irán no logró volver al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, sí consiguió ser elegido para servir este año en la Comisión de 45 miembros de la ONU sobre la Condición de la Mujer, un organismo dedicado a "la igualdad de género y el progreso de las mujeres". No obstante la memorable afirmación del Presidente Ahmadinejad, en la Universidad de Columbia en 2007, que las mujeres de Irán son "las más libres del mundo", la noción de Irán sentado en este organismo de la ONU sería graciosa si no fuera tan trágica y reveladora.

Así que ¿por qué el Consejo de Seguridad decidió reunirse el viernes? Para discutir sobre la política israelí de construcción de asentamientos.

Ahora seamos claros. La política de asentamientos es, de hecho, de gran importancia para las negociaciones entre israelíes y palestinos de un acuerdo de paz definitivo. De hecho, es uno de los temas centrales.

Pero eso no significa que la ONU tuvo razón en considerarlo el viernes.

En primer lugar, los acontecimientos de última hora que ocurren en Irán, Libia y en otros lugares de la región, tienen implicaciones globales de seguridad y, seguramente, merecen atención inmediata por parte de la ONU. No la han tenido hasta la fecha.

En segundo lugar, los asentamientos no son el meollo de los temas centrales para resolver el conflicto palestino-israelí.

Si bien existe una industria global de los que afirman que los asentamientos son el único y solo asunto que vale discutir, colocando la entera responsabilidad de resolverlo sobre Israel, la verdad está en otra parte.

Israel ha indicado, repetidamente, su disposición a debatir sobre el futuro de los asentamientos en el contexto de conversaciones directas.

Además, suspendió la construcción de asentamientos durante diez meses, el año pasado, como un signo de buena fe, sólo para encontrarse con nueve meses de vacilaciones por parte de la Autoridad Palestina.

Y, como una prueba más de su sinceridad, Israel desmanteló los hogares de miles de colonos en cumplimiento del tratado de paz de 1979 entre Israel y Egipto y se retiró unilateralmente de Gaza en 2005.
Además, hay algunas otras, digamos, cuestiones no carentes de importancia, centrales en el conflicto palestino-israelí. No hace falta decir que se pasaron por alto, convenientemente, en las deliberaciones del viernes.

-¿Qué hay de condenar los misiles disparados este año contra ciudades y pueblos israelíes desde Gaza, controlada por Hamas? Su objetivo, simple y llanamente, es matar, mutilar y destruir.

-¿Qué hay de hacer frente a la masiva acumulación de armas por parte de Hezbollah, bajo las mismas narices de las tropas de UNIFIL desplegadas en Líbano y las amenazas, que hielan la sangre, de los líderes de Hezbollah de destruir Israel con su arsenal de misiles, cortesía de Irán y Siria?

A propósito, las exportaciones de Irán de esos misiles son una violación de la Resolución 1747 del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada en 2007, prohibiendo las exportaciones de Irán de cualquier tipo de armas, pero eso ha sido inexplicablemente ignorado.

-¿O qué de hacer frente a la incitación continua procedente de la Autoridad Palestina, como el ensalzamiento de Dalil Magrebíes, la terrorista palestina que lideró un ataque, en 1978, que masacró a 37 israelíes, incluidos 12 niños? Sólo el año pasado, la AP bautizó a un campamento de verano con su nombre. A principios de este año, la AP emitió un anuncio de televisión destacándola como un "modelo" para las mujeres palestinas. ¿Contribuye ésto a una cultura de paz?

-¿O qué acerca de insistir en que la AP, en la búsqueda de un fin al conflicto, reconozca a Israel como estado-nación del pueblo judío? Después de todo, Israel ya ha aceptado reconocer al futuro país de Palestina como estado-nación del pueblo palestino, intentando así crear una base sólida para la futura convivencia entre los dos estados.

Y en tercer lugar, el Consejo de Seguridad de la ONU no hizo avanzar la causa de la paz en su reunión del viernes. Por el contrario, la retrasó. Entre los 15 países miembros, sólo Estados Unidos tuvo el buen sentido de ver este punto aparentemente obvio, lo que provocó el primer ejercicio del veto por parte de la administración Obama.

El lugar para discutir, debatir y decidir cuestiones que afectan a israelíes y palestinos es en directo, en conversaciones cara a cara. No hay otra manera, al menos si el objetivo es un genuino progreso.
Pero la Autoridad Palestina decidió hacer un corte, utilizando a la ONU, no por primera vez, para eludir las conversaciones.

Haciéndolo, alienó y avergonzó a Washington que, bajo la presidencia de Obama, ha mostrado una voluntad de progresar en el terreno. Y antagonizó a Israel, que es el socio esencial para cualquier acuerdo duradero, planteando nuevos interrogantes sobre el compromiso de la AP para, realmente, lograr un acuerdo.

Y así, mientras que esta transparente desviación continúa en el organismo mundial, justo ahora el verdadero espectáculo está en otra parte. De Teherán a Trípoli, a la ONU, lamentablemente, no se la puede encontrar en ningún lado.

**David Harris, Director Ejecutivo del Comité Judío Americano (AJC) y Asociado Senior, del San Antonio College, Universidad de Oxford,


http://blogs.jpost.com/content/amidst-mideast-turmoil-only-israel-galvanizes-un-action
Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld

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miércoles, 12 de enero de 2011

Invención del pueblo palestino

Invención del pueblo palestino
por Marcos Aguinis.

Hace unos años, el primer embajador "palestino" ante Argentina, elevado a esa dignidad por el gobierno de Menem, puesto que no representaba a un Estado soberano- dijo que Jerusalén fue fundada por los palestinos quinientos años antes de que naciera el patriarca Abraham. Si uno confía en la narración bíblica, que es el único texto que se refiere a esa remota personalidad, entonces existía una localidad llamada Salem, perteneciente a los nabateos, cuyo jefe se llamaba Melquisedec. Abraham y Melquisedec, según esa narración, intercambiaron gestos de recíproco respeto. Aún no se llamaba ese lugar Jerusalén ni asomaba la menor referencia a los palestinos. Salem no volvió a ser mencionada hasta los días de David quien, un milenio antes de la era cristiana la conquistó, rebautizó Jerusalén y convirtió en capital de su reino. A partir de entonces adquirió una relevancia que no pudo ser destruida por ningún invasor de la Tierra. Según diversos testimonios arqueológicos, el enclave era muy antiguo, en efecto, y había pertenecido a diferentes y olvidadas comunidades antes de David. Pero ninguna de ellas se llamó palestina. El embajador mintió olímpicamente.

Si acudimos a la etimología de la palabra, "Palestina" deriva de "Philistea". Fue el territorio costero conquistado por invasores provenientes de Creta. La Biblia narra los enfrentamientos que mantuvieron con los hebreos durante varios siglos, dando lugar a narraciones de profundo impacto como el romance de Sansón y Dalila, los combates del rey Saúl y la desigual pelea entre David y el gigante Goliat. Los filisteos, sin embargo, nunca pudieron llegar a la profundidad del territorio que controlaban los hebreos y es lógico suponer que terminaron asimilándose a estos, porque nadie jamás volvió a mencionarlos. Las palabras "Philistea" y "filisteo" quedaban muertas, junto a los nombres de otros pueblos que habitaron el Sinaí, Tierra Santa y sus alrededores.
No existe ninguna mención al "pueblo palestino" en toda la Antigüedad. Ninguna. Sólo cabría homologarlo con los filisteos llegados desde Creta como dijimos-, y que desaparecieron por completo. En contraste, resulta muy fuerte y reiterativa en esa época la expresión "pueblo de Israel".

Recién luego de la segunda gran rebelión judía contra el imperio romano resucitan los filisteos (sólo como palabra, no como pueblo). Adriano, iracundo por una lucha que no parecía tener fin, decidió borrar los lazos judíos con ese agitado territorio. A Jerusalén le cambio su nombre por el de "Aelia Capitolina" y a todo el país ordenó quitarle la conocida denominación de "Judea". Con el pícaro propósito de convertirlo en un espacio que ajeno a los judíos, escogió el nombre de quienes mil años antes habían sido sus enemigos: los filisteos. "Judea" se convirtió en "Philistina". Es paradójico que siempre quedaron viviendo allí judíos, pese a las matanzas, expulsiones y conversión de muchos en esclavos. No existía un solo filisteo (palestino).

La decisión calenturienta y arbitraria de Adriano tuvo poca suerte durante centurias, porque los judíos siguieron llamando Eretz Israel (Tierra de Israel) a ese país y los cristianos la bautizaron "Tierra Santa".
La invasión árabe en el siglo VII se realizó en medio de la sistemática islamización que se hacía del legado hebreo. Esa tendencia comenzó con el profeta Mahoma, quien dictó el Corán, libro en el que no sólo se reproducen nombres y episodios bíblicos, sino que se transfieren asuntos importantes, como el sacrificio de Isaac a Ismael. No pretendo caer en un debate teológico, sino señalar que Tierra Santa fue importante para la emergente religión porque allí sucedieron hechos que refiere el Corán, pero protagonizados por el pueblo de Israel. En ningún versículo asoma palestino alguno, ni por casualidad.

Durante las Cruzadas murieron muchos judíos y musulmanes a manos de los invasores. Tampoco en ese tiempo los musulmanes fueron identificados como palestinos. Esa denominación hubiera parecido absurda.
Más adelante el Imperio Otomano redujo el país a "Vilayato de Jerusalén", porción de una extensa provincia llamada Siria. Recién a fines del siglo XIX volvió a renacer la palabra Palestina, con el objeto de diferenciar su espacio del resto de Siria. Es interesante consignar que tuvo más éxito entre los judíos que entre los árabes y musulmanes en general. Cuando a principios del siglo XX surgió el nacionalismo árabe, manifestó su enojo y ¡acusó al sionismo de haber inventado Palestina! No había "pueblo palestino", sino un territorio que se empezaba a llamar Palestina, y donde todos sus habitantes cristianos, judíos, musulmanes, drusos- eran identificados como palestinos. Los judíos se reconocían a sí mismos como "judíos palestinos". Hasta el diario sionista Jerusalem Post se llamaba entonces Palestine Post.

El mapa demográfico había empezado a modificarse a partir del siglo XIX. Según referencias de viajeros célebres, entre los cuales podemos mencionar a Mark Twain- el país estaba casi totalmente desierto y abandonado. Se podía viajar día enteros sin ver un alma. Había pequeñas comunidades judías arraigados en Jerusalén, Iafo, Hebrón, Tiberias y Safed, que convivían con una escasa población árabe (jamás llamada pueblo palestino, es necesario insistir). Antes del primer Congreso Sionista (1897) ya se fundaron granjas y empezó la sistemática inmigración judía. La actual geografía que comprende a Israel, Jordania y los llamados Territorios Palestinos, se identificaba en todo el mundo como Palestina, en especial gracias a la energía del movimiento nacional judío, que creció de forma exponencial durante el imperio otomano. Antes de la Primera Guerra Mundial inventó los kibutzim, construyó carreteras, fundó grandes ciudades (Tel Aviv en 1909), forestó colinas desiertas, habilitó granjas, levantó escuelas, amplió Jerusalén fuera de las murallas y hasta organizó una fuerza de autodefensa. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, la comunidad judía prestó un heroico apoyo a las fuerzas aliadas. Antes de terminar la conflagración, en reconocimiento a su despeño, fue lanzada la Declaración Balfour que reconocía el derecho a levantar en Palestina un Hogar Nacional para el pueblo judío.
Llegada la paz, las potencias victoriosas se distribuyeron con mentalidad colonial toda la región. De ese modo Palestina e Irak quedaron bajo hegemonía inglesa, mientras Siria y el Líbano (segregada de Siria) pasaron al dominio francés.

Inglaterra, para agradecer el apoyo de la dinastía hashemita, designó a Feisal rey de Irak y amputó dos tercios de Palestina para crear el reino hashemita de Transjordania con Abdullah en su trono. Gran Bretaña tenía un proyecto que no coincidía con la Declaración Balfour y, a poco andar, empezó a obstruir el crecimiento del Hogar Nacional Judío. Pero en ningún momento se hablaba de otro "pueblo palestino" que la totalidad de sus habitantes, en especial los judíos, empeñados en conseguir la independencia. Los árabes no manifestaron la misma ambición y ciertos grupos reaccionarios, dirigidos por el filo-nazi Mufti de Jerusalén, escogieron como objetivo de su lucha exterminar a los judíos que traían el progreso y la obscena secularización.

El resto de la historia es muy cercana. La ONU decidió la Partición de Palestina en dos Estados, uno Árabe y otro Judío. El Judío voceó su independencia apenas Gran Bretaña arrió el pabellón. Los árabes, en cambio, no proclamaron ningún Estado, sino que se lanzaron a una guerra de intenciones genocidas: "arrojar todos los judíos al mar". Cerradas las hostilidades, tampoco proclamaron un Estado árabe en las tierras que retuvieron. En 1949 Transjordania cambió su nombre por el de Jordania para consolidar la apropiación de un espacio que jamás le había pertenecido. Durante casi dos décadas no hubo ningún intento de erigir un Estado árabe en los territorios bajo el poder de Egipto y Jordania. Recién poco antes de la Guerra de los Seis Días, el presidente Nasser fundó la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) con el propósito de destruir a Israel y, recién sobre sus ruinas, erigir un Estado árabe, quizás sin la Cisjordania entonces en poder del reino hashemita (¡vaya paradoja, porque ahora Cisjordania es el núcleo de la Autoridad Palestina!).

Las palabras "Palestina" y "palestinos" fueron perdiendo su sentido original. Se ha impuesto uno nuevo, producto de una invención que adquirió rápida potencia y se fue revistiendo de mitología, como atribuirle una existencia anterior al patriarca Abraham. Ahora se habla del "pueblo palestino" con una identidad excluyente y que es, además, el pueblo aborigen de ese país (con absoluto desprecio de la historia): ya no son los judíos, sino sólo los árabes de Tierra Santa o la histórica Eretz Israel quienes lo integran. Se lo reconoce como un pueblo sacrificado que merece desarrollar su compleja identidad, por supuesto, pero con una identidad sujeta a complejos avatares. Por un lado muchos de sus miembros viven en el exterior, muchos son mantenidos como rehenes en campos de refugiados (¡los más crónicos del mundo!), muchos son buenos ciudadanos del Estado de Israel y muchísimos son la mayoría absoluta de toda Jordania. Intuyo que una gruesa porción anhela paz y progreso, pero esa porción racional es saboteada por fanáticos que sólo apuestan a la violencia y no aceptan convivir con Israel. Mientras ese sabotaje continúe firme, y se atribuyan las dificultades sólo a la "maldad de Israel", el futuro del muy joven pueblo palestino, duele manifestarlo- continuará neblinoso.

http://congresojudio.org.ar/coloquio

martes, 11 de enero de 2011

jueves, 30 de diciembre de 2010

To be or not to be

Puedes excusarte de no ser otro, pero jamás de no haberte convertido en ti mismo.
Winga.

Expectativas

Remando en los mares de las expectativas de los demás, estarás siempre navegando en círculos.
Winga.

Promesas

Las promesas deben ser cumplidas, sin importar si el destinatario de las mismas es humano o animal.
Winga.